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martes, 25 de enero de 2011

El cyberbullying, más allá de la escuela

Docentes y padres organizan talleres para afrontar el fenómeno de acoso entre niños y adolescentes por medios electrónicos
Lunes 24 de enero de 2011

Silvina Premat
LA NACION
"Sos un tonto", "Agustín es un bobo, ja, ja, ja", "Todas las chicas dicen que sos gordo..." son frases que niños y adolescentes pueden recibir como mensajes de texto en sus celulares, enviadas por compañeros de la escuela, y que pueden ser más dañinas al publicarse en la página de una red social especialmente destinada a vapulear al acosado.
El fenómeno, conocido como cyberbullying, que afecta, sobre todo, a adolescentes de entre 12 y 14 años -por ser los que están más tiempo conectados a Internet- ha generado preocupación en el exterior, y ya se instaló también en los colegios argentinos. Es una conducta que trasciende con creces los muros escolares entre los que suele gestarse y una de las preocupaciones que ocuparán la agenda de docentes y padres durante el ciclo lectivo 2011 y que puede sorprender a las familias incluso antes, en pleno verano.
El cambio de hábitos tiene un nuevo efecto con el acceso masivo a Internet y el uso de celulares: hoy, los insultos y agresiones que los adolescentes disparaban a la salida del colegio se han trasladado a los muros virtuales y han agravado la situación. En vez de ser vistos por los ocasionales testigos de la discusión o pelea, ahora participan directa o indirectamente los amigos de la víctima y de los victimarios, y los amigos de sus amigos.
Entre 150 padres consultados durante el congreso organizado por la Fundación Proyecto Padres y realizado recientemente, el 80% dijo conocer algún caso de ciberacoso entre los amigos de sus hijos.
Los chicos confirman la extensión del fenómeno. El 74% de 910 niños y adolescentes a los que se les preguntó por sus usos y costumbres con las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) dijo haber pasado por alguna situación desagradable. Esos datos se desprenden de una investigación realizada por profesionales del portal chicos.net en la que el cyberbullying encabeza la lista de esas situaciones con un 26% de respuestas afirmativas. Le siguen la apertura de páginas web pornográficas y/o publicidades de prostitución femenina sin buscarlas (21%); la aparición de imágenes no deseadas de escenas de terror o de violencia, o amenazas a través de cadenas de mail (16%); la solicitud de fotos y/o datos personales por parte de un desconocido (14%).
Andrea Urbas, psicóloga y coordinadora del programa por un uso seguro y responsable de las tecnologías de la asociación Chicos.net, afirmó que este fenómeno es una agresión que se oculta en el anonimato de los grupos, facilitado por el auge en el uso de la tecnología. "[La pantalla genera cierta protección] porque está permanentemente mediatizando comunicación", opina Urbas.
Otro estudio, realizado entre 21.000 chicos de 10 a 18 años de varios países latinoamericanos por la Universidad de Navarra, España, revela que cerca de un 12% de los consultados admitió haber sido objeto de alguna práctica de acoso cibernético, en tanto un 14% dijo haber participado como hostigador en situaciones de este tipo.
"Son cifras semejantes a investigaciones realizadas entre adolescentes de los Estados Unidos o Suecia", dijo a La Nacion Angeles Soletic, asesora de Educarred, un programa de la Fundación Telefónica, orientado en el uso de las nuevas tecnologías en educación.
El rol de la escuela
Pero los alumnos no son los únicos perjudicados. "Conozco casos de docentes a los que los alumnos crean perfiles falsos en redes sociales y ponen en su boca confesiones inventadas sobre cuestiones privadas", dijo Soletic, y destacó que la escuela tiene un papel protagónico en este asunto, aun cuando suceda fuera de ella. "La escuela sigue siendo el ámbito de socialización principal del niño y del adolescente, y tiene que trabajar para detectar este fenómeno, afrontarlo como problema y tratar de erradicarlo", agregó.
La inquietud por el ciberacoso, que comenzó entre los padres como bullying o simplemente acoso, llegó en los últimos meses a docentes y directivos de colegios. No son pocos los que, para ayudar a sus alumnos y sus padres contrataron a especialistas, se multiplican talleres y clases de orientación sobre el tema.
Urbas, que ha realizado varios talleres de este tipo en colegios, sobre todo los de la zona norte del conurbano bonaerense, explicó: "La cuestión es que los padres, que no manejan las herramientas de la misma forma que los adolescentes, no den un paso al costado en la protección, diálogo, interés de cómo es la vida del chico en el ciberespacio, qué tipo de actividades hace o cómo se conecta, es decir, si está estudiando y está con todas las pantallas activas".
Dijo el presidente de la Fundación Proyecto Padres, Adrián Dall'Asta: "Con el cíber, pasa como con la droga: muchos piensan en el extremo del chico recuperándose en una granja sin medir los matices. En este caso, se piensa en neonazis que radicalizan la tendencia. Es algo cotidiano; son mensajitos para volver loco a un compañero; el riesgo es cuando toma una dimensión masiva". Dall'Asta agregó: "Es clave la información porque en los padres hay mucho desconcierto".

Mirada bien despierta

Página 12/ Sociedad

Por Soledad Vallejos
Opera de modo viral, es una suerte de mancha de aceite inmensa, universal, sólo limitada por el poder adquisitivo de la sociedad que las quiere interpelar como propias. Queda claro que para la videovigilancia no hay más frontera que el dinero y las garantías de los derechos civiles y la privacidad. Por ello quizá no resulte tan llamativo que en China las cámaras encendidas las veinticuatro horas se cuenten por millones y que tengan la vocación de cubrir todo el territorio. Toman fotos y registran videos en alta definición, incluyen sonido, tienen el don de no dejar metros cuadrados al azar en zonas urbanas de alto tránsito. Por ahora, chinas y chinos conviven con siete millones de cámaras de vigilancia desparramadas por calles, espacios privados y hasta ámbitos religiosos de todo el país. Durante los próximos cuatro años, las autoridades proyectan sumar otros 15 millones. Es decir que en 2014 al menos 22 millones de dispositivos registrarán toda caminata, todo estornudo, todo beso, todo robo de carterista sucedido en el espacio público.

El Estado inglés no queda rezagado. Con casi cinco millones de dispositivos, Gran Bretaña tiene uno de los índices de cámara per cápita más elevados del mundo: alrededor de una cámara cada 12 habitantes. Londres tiene al menos 500 mil cámaras, con lo que se estima que, un día cualquiera, el trayecto rutinario que un ciudadano cualquiera haga por las calles londinenses será registrado por entre 200 y 300 cámaras. Y aun así, según documentos internos de Scotland Yard que sacó a relucir el diario The Independent, las estadísticas son demoledoras a la hora de evaluar la videovigilancia desde los resultados. De cada mil delitos, sólo uno llega a ser esclarecido gracias a las cámaras. ONG preocupadas por los derechos civiles resisten y llaman a boicots periódicamente. Una de las obras más contundentes del artista del graffiti Bansky (que recientemente llamó la atención mundial con la apertura que diseñó para Los Simpson, refiriendo tercerizaciones y esclavitud en la industria del entretenimiento y afines) se ubicó al lado de una de estas cámaras: “Una nación bajo CCTV” (como se denomina al circuito cerrado de tv).

Pero las reacciones pueden variar. “Durante más de cuatro décadas, presenciamos la proliferación de la videovigilancia en Europa. Durante la década del ’90, su presencia explotó en el espacio público en muchos países europeos.” Con esa descripción contundente, el proyecto Urban Eye (Ojo urbano, www.urbaneye.net) plantea su razón de ser: analizar el empleo de esas cámaras, de modo que resulte posible ponderar “sus efectos sociales y sus impactos políticos para, finalmente, delinear estrategias para su regulación”. Bajo la coordinación de la Universidad Técnica de Berlín, criminólogos, filósofos, politólogos, sociólogos y geógrafos urbanos de seis países dedicaron treinta meses a elaborar el Informe Final (que puede encontrarse, en inglés, online). Sus consideraciones, aunque elaboradas al comienzo del siglo (entre 2002 y 2004), resultan todavía tan válidas que siguen hablando del presente y el futuro inmediato. Dada la combinación de “prácticas de vigilancia opacas y ciudadanía no informada, la ‘caja negra’ de la red de cámaras cada vez más numerosa debería abrirse para asegurar el control democrático. La ampliación de la red de vigilancia debería transparentarse mediante un registro; la proporcionalidad del despliegue y su uso debería ser estipulado por un sistema de licencias; los gerentes y operadores (del material) deberían poder ser supervisados e inspecciones regulares deberían garantizar que se cumpla un código de prácticas en común coherente”.

domingo, 9 de enero de 2011

La cultura de la "diversión"

El incansable despliegue de actividades de la sociedad globalizada

Anand Giridharadas. The New York Times

Miércoles 10 de noviembre de 2010 Publicado en edición impresa

CAMBRIDGE, Massachusetts.- Desde el nacimiento de Estados Unidos, una batalla silenciosa se ha desarrollado con respecto a las palabras que denotan el alma de la nación. Ahora, un recuento puede definir a las victoriosas: "logro" (achievement) y "diversión" (fun).

Desde la década de 1810 hasta el siglo XXI, la frecuencia con que aparece el término "logro" en inglés norteamericano escrito aumentó 11 veces, según una reciente investigación realizada por el Corpus de Inglés Estadounidense Histórico, una base de datos de 107.000 periódicos, revistas, novelas, obras de teatro y guiones cinematográficos. En el mismo período, la frecuencia con que aparece la palabra "diversión" se multiplicó más de ocho veces.

Mientras tanto, otro par de palabras sufrió un destino opuesto. En tanto la frecuencia del término "logro" aumentaba en el curso de estos dos siglos, la palabra "excelencia" perdía preferencia de uso, empleándose 11 veces menos. Y mientras "diversión" ganaba importancia, las menciones de "placer" disminuyeron cuatro veces.

En la historia del lenguaje, las palabras ascienden y caen. Las hacemos y rehacemos y, al mismo tiempo, ellas nos hacen y rehacen a nosotros.

La historia de una palabra es tan compleja como un huracán. Es difícil saber con certeza cómo gana popularidad, satisface nuevas necesidades y adquiere nuevos usos y valencias. Por eso, es imposible atribuir la decadencia de una palabra al ascenso de otra.

Sin embargo, en los destinos de estos dos pares de palabras se insinúa un viraje de la cultura estadounidense, y es un viraje que sin duda ha ejercido influencia en todo el mundo. Se trata de un distanciamiento de la idea, que podría calificarse de aristocrática, del valor intrínseco de las cosas: del placer, con su sentido de una condición interna de la mente, hemos pasado a la diversión, tan estrechamente asociada con las actividades externas, y de la excelencia, una característica interna cuya concreción es su propia recompensa, pasamos al logro, al que se llega con el esfuerzo y el reconocimiento.

El diccionario Merriam-Webster define "placer" como "un estado de gratificación", en tanto "diversión" es "lo que proporciona entretenimiento o gozo, específicamente, palabras y acciones lúdicas y con frecuencia bulliciosas". Además, define excelencia como "la cualidad de ser excelente", que a su vez significa "muy bueno en su clase: eminentemente bueno". "Logro", por su parte, es "un resultado ganado con esfuerzo".

El arco que va del uso de la palabra "placer" al uso del vocablo "diversión" puede trazarse explorando la base de datos del Corpus. En una pieza teatral de 1812, John Blake White escribió: "¿Para qué sirve la riqueza, si no es para comprar placer? ¿Para qué la salud, si no para saborear, cuando el placer ofrece su copa y nos invita a beberla?" En 2009, en cambio, este renglón del novelista Hyatt Bass era mucho más típico de la época: "Vamos, ¿no les parece divertido tener una botella de vino que fue lanzado el mismo mes en que ustedes se comprometieron?"

El "placer" conlleva un atisbo de lo sublime, habla de un estado mental que se presenta orgánicamente, que no necesita ser artificialmente inducido. La "diversión", en cambio, aunque para los hablantes contemporáneos es casi sinónimo de "placer", suele implicar un incentivo artificial. Uno no siente diversión, sino que hace algo divertido. Y la diversión no tiene ni un atisbo de elitismo, mientras que el placer resulta vagamente de elite.

Las cataratas imponentes producen placer; los partidos de paintball , en los que los amigos, con ánimo lúdico (y a veces con cierta crueldad) se disparan entre sí perdigones de pintura, proporcionan diversión. Una cena prolongada y con buena conversación puede ser un "placer"; un bar bailable atestado, oscuro y sudoroso probablemente sea calificado de "divertido".

Si el "placer" proviene del propio ser y del intercambio de ideas, la "diversión" procede de los actos y, con frecuencia, de desconectar el cerebro. Ese cambio posiblemente justifique, en parte, la insistencia sobre el despliegue de actividades en toda ocasión, en vez de confiar en que el placer pueda darse por sí mismo.

Hoy es raro aquí el feriado corporativo o la fiesta de Acción de Gracias que no incluya un torneo de Nintendo Wii o algún otro juego. En los momentos en que otros comen, beben y conversan, los estadounidenses suelen crear actividades temáticas y exhibiciones de talentos.

En Comer, rezar, amar , el libro de memorias que se convirtió en best seller de Elizabeth Gilbert, la autora relata que descubrió la idea italiana de placer como si fuera una ciudad sepultada: "Durante mis primeras semanas en Italia, todas mis sinapsis protestantes se convulsionaban angustiadas, buscando alguna tarea a que abocarse. Quería cumplir con el placer como si fuera un deber". La autora concluye: "Los estadounidenses tienen una incapacidad de relajarse y aceptar el puro placer. Nuestra nación persigue el entretenimiento, pero no necesariamente el placer". Los italianos, por su parte, son maestros del bel far niente , la belleza de no hacer nada, escribe Gilbert.

Después, tenemos el arco que va de la "excelencia" al "logro".

Consideremos esta estrofa de un poema de 1813: "Así ella nos dio una enseñanza moral:/ que el hombre entendería, pero sin alcanzar nunca/ la mayor excelencia, para de ese modo demostrar/ que en el mundo todo es vanidad".

Y veamos este otro fragmento, en este caso de una biografía escrita en 2005: "El joven persigue arduamente su sueño; mientras otros se burlan, emprende un solitario viaje desde el campo a la ciudad en pos de su realización personal, supera obstáculos con una combinación de coraje, determinación y talento, y finalmente asciende hasta la cúspide del logro y la prosperidad".

La "excelencia", con sus connotaciones de virtud, evoca a Aristóteles. Cualquiera puede tener logros, en la recolección de residuos o en la neurocirugía, ¿pero cuántos pueden alcanzar verdaderamente la excelencia?

"Para los antiguos griegos, la felicidad era la plena utilización de las propias capacidades siguiendo los lineamientos de la excelencia", dijo en una oportunidad el presidente John F. Kennedy.

En cambio, los líderes de hoy tienden mucho más a usar el término "logro", que, al igual que "diversión", es de naturaleza exterior. Es algo que se produce al hacer cosas específicas. Algo que se consigue más controlando objetos y cosas que desarrollando las potencialidades internas de cada uno.

La cultura del logro impregna toda la vida actual. Desde los exámenes de la escuela primaria hasta la incesante presión en el rendimiento universitario, la cultura educativa de hoy privilegia la acumulación de logros en los resultados por encima de la brillantez intelectual. En parte, Wall Street se derrumbó porque todos buscaban recibir bonificaciones por sus logros, descuidando la persecución de la excelencia en su vocación. Una cultura que promueve la celebridad instantánea les enseña a los jóvenes que la fama es un fin en sí mismo y no un síntoma incidental de excelencia en su oficio.

El mundo en el que primaban el "placer" y la "excelencia" era menos igualitario que nuestro mundo de hoy. Dejaba fuera a grandes categorías de la humanidad. En los años transcurridos desde entonces, esas exclusiones disminuyeron: el mundo se abrió para muchos (especialmente, en Estados Unidos). Pero junto con ese cambio se produjo otro: una aparente intolerancia del hecho de meramente ser, y una angustiosa insistencia en hacer, hacer, hacer.

Traducción de Mirta Rosenberg


“Nada me gusta mucho...”

Página 12/ Psicología
NUEVOS PROBLEMAS EN ORIENTACION VOCACIONAL

A diferencia de los jóvenes que, hace unos años, requerían orientación vocacional “por dudas o conflictos entre carreras”, hoy –según la autora de esta nota– suelen presentar “estados de apatía, resultado de una gran desconexión emocional”.


Por Claudia Messing *
Cada vez más adolescentes, al consultar por orientación vocacional, manifiestan que desean seguir estudiando pero, en realidad, no logran interesarse o sentirse atraídos en forma consistente hacia ninguna carrera o campo ocupacional. Nada los convence ni los seduce suficientemente. Por más técnicas activas, gráficas, lúdicas y psicodramáticas o tests de intereses y aptitudes que se apliquen, no logran descubrir en sí mismos ninguna área del hacer o del saber que les resulte verdaderamente atractiva, y, si la encuentran, no pueden luego sostener sus objetivos.

Se percibe que no están en condiciones de elegir con convicción porque falla en ellos algo más básico, más determinante, previo a la tarea de elegir: falla algo en el orden del deseo; no pueden interesarse profundamente por nada, porque están emocionalmente desconectados, apáticos, desmotivados. No pueden encontrar imágenes ocupacionales agradables ni lugares para informarse y visitar, ni elementos con los cuales identificarse. Muchos van de carrera en carrera pensando que todavía no encontraron su verdadera vocación, sin percibir que el problema es otro.

Horacio Romero González (“Interrogantes, encrucijadas y nuevos paradigmas en el campo de la orientación vocacional”, ponencia en el II Congreso Informático de Psicopedagogía y Orientación Vocacional, 2003), confirma, a partir de una investigación efectuada en la Universidad Nacional de Río Cuarto, la presencia de estas nuevas sintomatologías vocacionales: “Hemos corroborado la marcada apatía y falta de interés de muchos de nuestros ingresantes, que se sienten desorientados en relación con la construcción de un futuro para sí mismos. No tienen convicciones propias, no poseen motivaciones fuertes que vayan más allá de lo inmediato y carecen de una cosmovisión personal”.

Otros jóvenes, en el trabajo de orientación vocacional, identifican con relativa facilidad un campo propio de intereses, pero les cuesta tomar una decisión porque no logran motivarse o entusiasmarse. Muchos estudiantes –a menudo talentosos– se inscriben en carreras que coinciden con sus intereses y habilidades, pero rápidamente pierden su entusiasmo, porque carecen de la capacidad para sostener sus intereses y para entregarse a un objetivo que implica una disciplina y un esfuerzo totalmente diferente al que estaban acostumbrados desde la escuela media. Casi el 40 por ciento de 1000 alumnos encuestados por el Centro de Opinión de la Universidad de Belgrano, entre 2003 y 2004, manifiesta “estudiar a desgano la carrera que eligió y piensa que debería haber elegido otra cosa”, aunque la mitad de ellos “no piensa en cambiarla ni abandonarla”. Probablemente perciben que, si cambiaran de carrera, al poco tiempo experimentarían el mismo desgano.

La Orientación Vocacional debería incluir entre sus objetivos la posibilidad de abordar estas nuevas sintomatologías emocionales, que no se reducen a una incorrecta elección de la carrera por falta de información adecuada de sí mismos o de las carreras elegidas: aun mediando buenos procesos de elección vocacional, acordes con sus intereses y facilidades, los jóvenes no pueden sostener sus objetivos, los prolongan en el tiempo, se desmoralizan y terminan abandonando o eternizando sus proyectos. De hecho, la duración real de cursado de las carreras universitarias es, en promedio, un 60 por ciento superior a la prevista.

En otros jóvenes se presentan temores y ansiedades fóbicas paralizantes. A pesar de identificar sus intereses vocacionales, muchos no pueden tomar una decisión, porque la idea de estudiar una carrera les despierta fuertes sensaciones de encierro, agobio o aburrimiento. Sienten un gran temor a quedar atrapados en la carrera elegida, tienen miedo a asfixiarse, a perder su libertad, a que el estudio les impida hacer otras cosas, como estar con los amigos, jugar al fútbol, tocar la guitarra o tener tiempo para no hacer nada. Otros experimentan esas mismas vivencias claustrofóbicas durante el cursado de sus carreras. Muchos continúan con insatisfacción y otros abandonan.

Muchísimos jóvenes no logran avanzar en sus carreras porque sus conductas fóbicas y evitativas les impiden estudiar. A menudo consultan pensando que se equivocaron de carrera cuando lo que les pasa es que no logran sentarse a estudiar, no pueden concentrarse ni organizar un método de estudio medianamente eficaz, se angustian, se duermen, desarrollan técnicas evitativas para perder el tiempo, se distraen permanentemente.

La mayoría de los estudiantes arrastra también graves problemas de aprendizaje del nivel anterior, lo cual los desmoraliza e impulsa a una rápida deserción o los hace permanecer durante años en los niveles iniciales de sus carreras.

La desconexión emocional de los jóvenes es una de las problemáticas más intensas de la actualidad, y ha sido hasta ahora insuficientemente identificada y conceptualizada, pese a que aparece en muy distintos ámbitos de la problemática adolescente (por ejemplo, la dificultad para darse cuenta de los embarazos adolescentes se vincula con la desconexión emocional respecto del propio cuerpo). A su vez, esta desconexión les impide percibir la fragilidad de sus intereses, su desmotivación, sus conductas fóbicas y sus problemas de aprendizaje.

Inconsistentes

Entonces, no se trata de la tradicional desorientación vocacional por falta de información de las carreras o por falta de reconocimiento de los propios intereses, o por falta de elaboración de mandatos familiares, o por dudas o conflictos entre varias carreras. Estamos hablando de nuevas sintomatologías emocionales que perturban el proceso de elección y de cursado de los estudios superiores: una gran desconexión emocional que deja a los jóvenes en un estado de apatía; dificultades para sostener los propios objetivos que dejan a los jóvenes en un estado de insatisfacción y vuelven sus elecciones vocacionales frágiles e inconsistentes; conductas fóbicas que obstaculizan el compromiso con una carrera; hiperexigencia y miedo al fracaso. Nuevas sintomatologías emocionales que rodean la elección y realización de una carrera; en su conjunto, constituyen un verdadero síndrome vocacional que determina, en muchísimos casos, la deserción en los estudios superiores.

Esta problemática excede los parámetros y recursos de la orientación vocacional tradicional. En la década del 80 la mayoría de estos jóvenes hubieran sido definidos como pertenecientes a la categoría de “no orientables”, “predilemáticos”, derivables a una consulta psicoterapéutica (véase Orientación vocacional: una estrategia clínica, de Rodolfo Bohoslavsky). Hoy, por su masividad, este fenómeno constituye una respuesta fallida a un conjunto de cambios históricos, políticos, sociales, económicos, culturales y familiares acerca de los cuales los orientadores vocacionales deben ser capaces de profundizar y penetrar para poder elaborar nuevos instrumentos de abordaje.

No se han realizado todavía, a nivel nacional, investigaciones que permitan evaluar cuantitativamente la magnitud de estas nuevas sintomatologías vocacionales, pero podemos percibir su dimensión a través de las estadísticas de fracaso y deserción en los estudios superiores. De acuerdo con datos oficiales, en universidades nacionales sólo el 11 por ciento de los ingresantes llega a recibirse.

* Extractado de Desmotivación, insatisfacción y abandono de proyectos en los jóvenes. Orientación vocacional y vínculos familiares, de próxima aparición (ed. Noveduc).

“Tatuados por los medios”

Un nuevo libro de la periodista Silvia Bacher presenta los dilemas de la educación de los jóvenes en la era digital.

Por Washington Uranga
Hay quienes los llaman “nativos digitales”. Silvia Bacher los nombra con el título de su libro (178 páginas) de reciente aparición: Tatuados por los medios (editorial Paidós, 2009). El trabajo, que lleva el subtítulo “dilemas de la educación en la era digital”, habla de los jóvenes y de su relación con los procesos educativos. La obra ingresa en la problemática que surge del desarrollo de las nuevas tecnologías en la vida de las generaciones más jóvenes, pero desde una perspectiva que inscribe este aspecto en el marco de una realidad mucho más compleja. O como lo señala el investigador colombiano Jesús Martín-Barbero en el prólogo del mismo libro, sin caer en “la tramposa instrumentalización de las ‘nuevas tecnologías’ para tapar con ruido y brillo digital la hondura de la crisis que atraviesan las relaciones de la escuela con su sociedad, o el altivo desprecio con que se identifica la mutación tecnocultural del mundo que habitamos con la más fatal de las decadencias de Occidente”.

El trabajo, que combina lo conceptual y los desarrollos teóricos que apelan a connotados investigadores en la materia con la presentación de experiencias, se transforma en una muy ordenada y orientadora agenda de las principales preguntas que el mundo adulto, en particular de los educadores, puede hacer hoy frente al conflicto que la digitalización y la complejidad de la integración tecnológica de los medios de comunicación, le plantea, en primer lugar, al sistema educativo en general, y en forma particular a educadores y los mismos padres. Sin recetas, pero con muchos recorridos que aportan luces para mejorar el diagnóstico, Tatuados por los medios es un desafío para abrir la cabeza alejándose del camino de la queja y de la declaración de impotencia ante el nuevo escenario.

Para ello, Bacher (periodista de radio, televisión y medios gráficos, especializada en temas de educación) recurre a sus propias experiencias, apoyada en la trayectoria de la red de radios escolares de la que es promotora y artífice junto a comunicadores y docentes de escuelas de todo el país. En un escenario donde se enfatiza el discurso de los derechos mientras se adelantan prácticas que lo contradicen, Bacher sostiene que “no hay forma de garantizar los derechos de la infancia, si no es potenciando la capacidad crítica y las habilidades comunicativas. Por eso, no pueden considerarse políticas públicas de promoción de derechos aquellas que se limitan a exhibir coloridos afiches en las paredes de las escuelas, a las que asisten la discriminación o la falta de solidaridad. Y a las que, si no se la desarticula, antes o después, concurre la violencia”.

El argumento del libro no es contra la escuela ni en desmérito de los docentes. Por el contrario. Las reflexiones aportan a rescatar la idea de una escuela de nuevo tipo, que tiene que dialogar con otra conformación social y cultural y, sobre todo, con jóvenes que forjan su identidad a partir de nuevos estímulos, a través de otras formas de incorporación de información y metodologías no imaginadas para la producción de conocimiento donde la escuela, y los docentes, dejaron de ser la única y privilegiada fuente del saber. Los docentes compiten con una suerte de otro maestro “fantasma” que se presenta de manera siempre inesperada y novedosa a través de la red de redes poniendo en jaque sus propios conocimientos y su autoridad. En ese marco Bacher sostiene que “educar en una sociedad en la cual los lazos se tornan frágiles no es tarea sencilla”, no obstante lo cual “en un entorno volátil, gobernado por las tecnologías y el marketing, los docentes son anfitriones de uno de los pocos escenarios aún vigentes que permiten construir vínculos en los cuales los valores como el amor, la libertad, la identidad, cobren carnadura”. En lo que podría titularse como “reivindicación del maestro en la era digital”, la autora rescata que son los docentes los que pueden promover la formación de hombres y mujeres abrazados al respeto a los derechos humanos, el reconocimiento del diferente y la preservación del medioambiente, entre otros valores. Porque “desde las culturas ancestrales, el maestro es el líder con carisma suficiente para iluminar mentes y corazones. Una guía capaz de estimular el pensamiento aun en condiciones adversas”.

¿Cómo? Desarrollando un modelo educativo que, lejos de enfrentarse a los medios y a la avalancha informativa de la red de redes, incorpore su lenguaje y su dinamismo desde marcos de referencia que consoliden las estrategias educativas, incentivando la curiosidad, la innovación y la creatividad, reconociendo también la brecha digital que existe entre estudiantes y docentes, pero vinculando todo ello en un proceso comprometido con la construcción de criterios y valores. Una “escuela wiki”, propone Silvia Bacher.

miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Cómo se orientan los adolescentes en la red?

LA VANGUARDIA, Tendencias / Viernes, 29 de octubre de 2010
José R. Ubieto. Psicólogo clínico y Psicoanalista

Cada día resulta más frecuente leer noticias, algunas dramáticas como el caso de la niña chantajeada en Facebook, sobre niños y adolescentes referidas a esos nuevos territorios que habitan, en este caso territorios virtuales: Internet, móviles,.. La comunidad virtual trasciende las fronteras de espacio y tiempo para reunir a adolescentes de manera frecuente a través de conversaciones permanentes (chats, foros, SMS), de competiciones (juegos online) o de formulas de encuentro (quedadas online).

Lo interesante es que cada vez más se cruzan los territorios, reales y virtuales, hasta el punto de cierta indistinción, ¿qué hay más real que las largas conversaciones por móvil o los cientos de sms compartidos? La calle y la pantalla se retroalimentan sobre todo a través de esas filmaciones que terminan en Youtube, el gran foro global.

Los jóvenes usan la tecnología como siempre hicimos con los objetos a nuestro alcance, con un doble objetivo. Por un lado, obtener una satisfacción autoerótica, ligada al propio cuerpo, y por otro propiciar la conexión al otro. Salvo excepciones patológicas (fenómenos adictivos o de reclusión) donde el uso es claramente autodestructivo, las nuevas tecnologías interactúan entre la soledad del internauta y el lazo social. Por eso hay espacios de franja entre ambas realidades como los locutorios, los juegos online de equipo, el uso de las webcams, las cadenas de mensaje, todos ellos lugares de cita.

Freud ya nos advertía, en “El malestar en la cultura”, que el hombre, con sus herramientas, ampliaba el poder de sus órganos, al tiempo que su capacidad de destrucción (armas). Las redes sociales -desde el viejo Messenger hasta los actuales Facebook o Twitter – ayudan también a atemperar la angustia de esa soledad del sujeto, a veces sin otra comunidad de pertenencia más sólida.

Nuestra experiencia en el proyecto de trabajo en red, Interxarxes, nos ha enseñado que toda red, además de la función de apoyo y sostén, puede ser también una trampa. La paradoja que revelan estas redes es que la liberación que prometían, al permitir la transparencia y la total exhibición, contiene también un lado oscuro. Ese “destape” no sólo está permitido sino que además deviene obligatorio y allí está la trampa. Es el caso de la nueva web justspotted.com donde los famosos están localizados en tiempo real gracias a los colaboradores voluntarios que los persiguen cámara en ristre en todo el mundo, como si llevasen un GPS injertado. Los stars aparecen “enjaulados” en un mapamundi virtual y a expensas de quien quiera seguirlos.

Nos imaginábamos viviendo en la era de la imagen pero quizás deberíamos pensar que lo hacemos en la era de la mirada, donde a veces gozamos con ella pero otras, cuando somos mirados, nos inquieta porque nos sobrepasa. Parece, como señala el psicoanalista francés Gérard Wajcman, el régimen de “El ojo absoluto”

Fenómenos como el sexting (envío de fotos privadas de carácter erótico), el ciberbullying (acoso e intimidación) o la paidofilia online, muestran como esa realidad necesita crear su propia regulación. Los niños y adolescentes son los más vulnerables frente a las novedades de esta realidad virtual y es por eso que conviene ayudarles en el manejo de esos nuevos objetos, no en el uso técnico, donde ellos rápidamente encuentran la clave, pero si en el cálculo que conviene hacer de sus consecuencias, presentes y fururas.

miércoles, 2 de junio de 2010

Josh Harris, te estamos mirando

El hombre que está en la pantalla pronosticó hace diez años el fin de la privacidad. Nadie le creyó y se volvió loco. Recuperado, este gurú de la red lanza ahora un nuevo presagio: antes de 2020 las máquinas superarán la inteligencia humana
Domingo 31 de octubre de 2010

Las operadoras del documental We live in public, sobre la vida de Harris, quien esta semana vendrá al país a participar de ArtFutura.

NUEVA YORK.- Un cigarro apagado, a medio fumar; anteojos de sol para montaña, un BlackBerry, un café ya frío y un pin con la forma de un rifle. Todos juntos, estos detalles destacan la fisonomía de Josh Harris por sobre la del resto de los clientes del bar de Alphabet City, en Manhattan, donde este excéntrico personaje, gurú de la Red, recibe a LN R . Este hombre vio el futuro hace más de diez años, cuando dijo que todos transmitiríamos nuestra vida online. Y sobrevivió a la locura para contarlo.
Es curioso. Harris brinda esta entrevista rodeado de jóvenes que están sentados uno al lado del otro, con sus notebooks, los auriculares puestos, y sin hablar entre sí. Todos están navegando en Internet. En el break del mediodía, se dedican a contar online qué es lo que están haciendo, en redes como Facebook o Twitter, y ven la vida de los otros en videos de YouTube o blogs. Cuando se vayan del bar, luego de trabajar todo el día, verán en su casa, por televisión, cómo otros se muestran en alguno de los innumerables reality shows que se transmiten en Estados Unidos.
Es curioso, además, porque hace más de una década Harris predijo una escena similar. Luego de comenzar su carrera mezclando comunicaciones y consultoría, fundó Pseudo.com , un sitio de videos online que se anticipó a lo que sería un signo del futuro: la pérdida de la privacidad. Más tarde vendió su negocio web y, con el dinero que cobró, financió su experimento más famoso: encerró en un sótano neoyorquino a más de cien personas que, a cambio de diversión gratuita y garantizada, accedió a ser filmada las 24 horas, durante un mes. Una suerte de Gran Hermano con fines "artísticos", según remarca el mismo autor. Tras esa experiencia, transmitió su propia vida, como en The Truman Show (una de sus películas favoritas), generó un par de proyectos fallidos, se volvió loco y viajó a Etiopía a sanarse. Ahora recuperado, gracias a un documental que se filmó sobre su vida, vuelve a la carga con un nuevo proyecto que mezcla arte y negocios. Pero en este bar nadie lo reconoce como a un referentes de la generación pre-YouTube o Facebook.
Cinco mil horas grabadas
El film que cuenta la vida de Josh Harris es un documental que se llama We live in public . Premiado en Sundance en 2009 y proyectado desde el día de su premier, el mismo año, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York -el MoMA - es producto de las más de cinco mil horas de video grabadas en el día a día de este hombre que en la pantalla grande es presentado como "el pionero de Internet del que probablemente nunca hayas escuchado hablar". Con ese mote se intenta sintetizar el hecho que el "artista" haya revelado lo que es capaz de hacer el ser humano con tal de ser reconocido. A través de videos e instalaciones, Harris comenzó a hablar de que Internet podría ser una suerte de reality show masivo cuando todavía los fundadores de YouTube apenas estaban en la secundaria. Un adelantado a su época. Ahora, diez años después, el documental y medios como The New York Times y Wired lo destacan como un visionario sobre la vida en público.
We live in public apunta a mostrar el gusto por la fama que tiene la gente y cómo, para alcanzar el reconocimiento masivo, estamos dispuestos a resignar nuestra intimidad. Para ello se usan como excusa dos proyectos clave en el trabajo de Harris: el primero, Quiet, fue la iniciativa de proponer a un centenar de artistas que vivieran, hiperconectados, en una fábrica subterránea de Nueva York. Una vez que la policía dio por terminado el experimento, alegando supuesto riesgo de incendio en plena era Giuliani, el empresario/artista enfocó las cámaras hacia él y decidió mostrar su vida en pareja, con webcams hasta en los baños y las heladeras. Todo, todo, todo, se podía ver online con sólo decir que uno tenía más de 18 años. Dice que esa falta de privacidad le hizo perder la cordura.
Si bien Quiet es el experimento clave, éste no podría haber existido sin Pseudo, el primer gran sitio de streaming de video en red que a su vez le sirvió a Harris para bajar a la realidad su idea sobre la necesidad de mostrarse del público.
En ese contexto, la película de Ondi Timoner volvió a encender los reflectores sobre este vidente de la nueva era, quien contrató a la directora para que lo grabara, en 1999, tras "haberse vuelto loco" al finalizar con Quiet y, tal como dijo a LNR, decidiera vivir en Etiopía durante casi tres años. Como escala, antes de viajar a Africa y cuando ya había perdido su fortuna (él declara haber generado 40 millones de dólares en los años 90, aunque algunos reportes aumentan la cifra al doble), se retiró a una huerta en las afueras de Manhattan. Si bien el principal motivo de la mudanza era "sanarse", Harris confesó más tarde a The New York Times que, en realidad, en ese viaje se volvió adicto a la marihuana. De cualquier forma, la tranquilidad que, recuerda, vivió allí, y el reconocimiento posterior por We live in public, le sirvieron para equilibrar su vida.
Un amigo de Luvvy -tal el alias de Harris en Internet- entra al bar e interrumpe la charla. Acaba de comprar albahaca en un mercadito de Manhattan. Enseguida, jugando con una hojita en la mano, el artista recuerda que a su regreso de Africa "trabajó" como jugador de póquer: "No se gana mucho, pero por simple estadística, y por la manera en que se otorgan los premios, al hacerlo con regularidad se puede vivir de eso".
Más allá del juego, de vuelta de Etiopía Harris pasó por California, invitado por el emprendedor web Jason Calacanis (que lo considera una de las diez personas más importantes en Internet), y aprovechó para hablar con posibles interesados en sus nuevos proyectos. Actualmente reside en Nueva York, una ciudad que para él es una irremplazable base de operaciones. "En ese momento necesitaba alejarme de las grandes ciudades. Aquí uno se siente observado. Si estás en la Red y querés ver pornografía o documentos políticos, en el fondo de tu cerebro sabés que te están mirando. Me encantaría seguir viviendo en Africa, pero necesito estar acá; mi trabajo está acá."
"Puedo volver a hacerlo"
En este momento, Harris, además de planear su visita a la Argentina para acompañar la proyección local de We Live in Public, que se verá el marco del Festival de Cultura y Creatividad Digital ArtFutura, se encuentra trabajando en un proyecto denominado The Wired City (ver aparte), con el que pretende transmitir la vida de, al menos, 150 mil personas. Cree que a las empresas les interesará lo que pueda surgir de este focus group gigante, y que a los individuos les gustará mostrarse al ciento por ciento frente a las cámaras por un poco de reconocimiento.
Harris puede parecer un demente, y no tiene problemas con eso, pero cuando dice algo que suena fuera de lugar, repite: "Ya predije, hace más de diez años, lo que iba a pasar, y gané mucho dinero con eso. Puedo volver a hacerlo". Se refiere a que cuando decía que todos íbamos a contar contentos nuestra vida en Internet, impulsados por las ganas de tener "relevancia social", muchos no le creían. Ahora, con blogs, Facebook y Twitter, su presagio ganó peso. ¿Habrá que creerle?
Sus últimas apariciones en medios y conferencias, impulsadas por la promoción y repercusión de la película, giran alrededor de la idea de privacidad. Pero, para él, este concepto ya es historia. "La batalla por la privacidad está perdida; hay que reconocer eso y avanzar. Cuando puse una cámara en un baño, quería demostrar que se podía perder el último bastión privado. Y eso fue hace mucho ya. Cada vez es más difícil resistirse a que gobiernos y empresas tengan información tuya. La resistencia es fútil." Estas últimas cuatro palabras, llevadas a la cultura popular por la serie Star Trek, The Next Generation, las reitera varias veces en el transcurso de la entrevista.
"Mi sensación es que, para un chico de 12 años, vivir en público no es algo tan raro: creció con esta idea de falta de privacidad. Es como la televisión, que para mí es lo más normal del mundo, pero no para mis padres", profundiza.
Pero, más allá de su faceta de gurú, a Harris también le interesa el arte. Señalado como "el Andy Warhol de la Web" gracias a una campaña de prensa, sueña con hacer una instalación en el museo Pompidou relacionada con un proyecto suyo llamado La fábrica de humanos, pero encuentra difícil llegar a los galeristas aunque su trabajo pueda tener buenas críticas.
La vida será transmitida
¿Cómo hace este hombre para combinar, por un lado, su faceta de artista de vanguardia cercano a la locura con el hombre de negocios que intenta conseguir financiación para su nueva hazaña? Ante todo, Harris aclara que habiendo sido millonario lleva apenas un puñado de dólares en el bolsillo. Acto seguido, confiesa: "Es difícil, pero intento encontrar el balance", y agrega que empresas como Google, Facebook y Twitter lo conocen, "pero ahora estoy en el purgatorio; en Silicon Valley les parezco un loco que se dedica al arte, y cuando voy a Hollywood a vender el proyecto piensan que soy un tipo técnico. Tengo que encontrar el equilibrio".
Sí, conoció de cerca la locura, pero Harris es consciente de la complejidad de sus ideas. "¿Lo entendiste?", vuelve a preguntar. A diferencia de diez años atrás, esta vez quiere estar seguro de que será escuchado.
Por Pablo Martín Fernández
RADIOGRAFIA NERD
• Tiene alrededor de 50 años (aunque se niega a precisar cuántos). Su alias en Internet es Luvvy.
• Estudió en la Universidad de California en San Diego, y comenzó a trabajar en consultoría y comunicaciones. Fundó Jupiter Research , una firma de análisis de mercado. Luego se enfocó en las posibilidades del video online y fundó Pseudo.com
• Con el efectivo generado en la burbuja puntocom creó Quiet: We Live in Public, la experiencia que derivaría en el documental que ahora se presenta aquí.
• Luego de que la policía de Nueva York dio por terminado Quiet, decidió exponer su propia vida, generando una suerte de The Truman Show, junto con Matrix, una de sus películas favoritas. Ese material también aparece en el documental.
• Se volvió loco, como dice él, y se mudó a una granja en las afueras de Manhattan. Luego viajó a Etiopía para "sanarse".
• En 2009 se estrenó We Live in Public. Harris regresó a vivir a Estados Unidos.
• En la actualidad, mientras acompaña las presentaciones de la película en festivales, intenta desarrollar el concepto "The Wired City", que pretende transmitir la vida de ciento cincuenta mil personas.
EL ARTE DE PONER UN TEMA EN LOS MEDIOS
Fecha, hora y lugar. Tras pautar esta entrevista, Josh Harris envío un último mail para convocar a LN R a formar parte de un disparatado proyecto que -como suele suceder con él- mezcla tecnología, arte y comunicación. Si bien la propuesta no fue llevada adelante, la idea ronda por su cabeza y, por tanto, resulta interesante de contar.
Harris cree que va a llegar un momento en que las máquinas superarán la inteligencia de las personas. Ese instante, que para muchos es posible y lo sitúan a mitad de este siglo, para él ocurrirá en menos de una década. Se denomina "singularidad" y aparece detrás de todo proyecto relacionado con el artista.
Con ese marco, Josh Harris creó un protocolo (que envió en el mail en cuestión) a través del cual pretendía generar un debate en la Argentina sobre la "singularidad". Para eso, reproduciría el video denominado Launder my head, que produjo a mediados de los años 90, en el que se ve a humanoides con monitores en la cabeza discutiendo un capítulo de La isla de Gilligan. La trama es rara, pero ya conocemos a este hombre. Para sumarle curiosidad al experimento, el artista quería que varios medios de nuestro país hablaran del tema al mismo tiempo.
Eso se suele llamar "poner un tema en agenda", pero Harris no lo puede hacer de una manera tradicional: siempre tiene que darle su toque.
OTRA PELICULA SOBRE LA INTIMIDAD EN LA RED
Mientras Josh Harris hace pie en la Argentina para presentarse en sociedad frente a los porteños vía el documental sobre su vida, We live in public, en todo el mundo otra película sobre Internet, la privacidad y sus gurús se gana un lugar como una de las favoritas en la carrera hacia los Oscar. Se trata de La red social , que recoge gran audiencia y buenas críticas. En nuestro país, el film de David Fincher ( El curioso caso de Benjamin Button ) que cuenta la gestación de Facebook, se estrenó hace diez días. La historia, centrada en la plataforma online cuyo mayor referente es Mark Zuckerberg -aunque no su único fundador-, cuenta con la estrella en alza Jesse Eisenberg (no confundir con Michael Cera) en el papel del nerd que comanda la principal red social, montado sobre sus sandalias Adidas, y Justin Timberlake como adláter. El guión de Aaron Sorkin, una adaptación del libro The Accidental Billionaires, no está en sintonía con lo que quiere Facebook que se crea de ellos. Pero hasta aquí el público parece no estar muy interesado en si lo que se cuenta es o no la historia real de la firma. Solamente le interesa acercarse al mundo de esos famosos desconocidos a los que día a día les confía su mundo privado.
UNA FIESTA DE ARTE Y TECNOLOGIA
Desde el próximo miércoles y hasta el domingo, el Festival de Cultura y Creatividad Digital ArtFutura volverá a instalar su propuesta de nuevos medios, motion graphics, videojuegos y animación digital en Buenos Aires. Siempre con la premisa de explorar proyectos e ideas surgidos en el panorama internacional (lleva 20 años realizándose en España), este formato de conferencias, charlas, proyecciones y otras muestras, con entrada gratuita, hará su desembarco en cuatro sedes: Malba, Centro Cultural Recoleta, Cceba y Fundación Telefónica.
Josh Harris es el protagonista indiscutido de esta tercera edición. El estadounidense ofrecerá una conferencia el sábado 6, a las 19 (Malba), mientras que el documental que cuenta su historia se verá de viernes a domingo (Malba y C. C. Recoleta). Además de We Live in Public, film sobre las redes sociales y la (falta de) privacidad en Internet, que forma parte de la colección permanente del MoMA de Nueva York, habrá otros imperdibles en esta muestra. Es para agendar la charla con Michael Adamo (de la compañía londinense Passion Pictures), el viernes, a las 20, en el Malba, y la presentación de algunos de sus más destacados trabajos, como las animaciones para videoclips de la banda Gorillaz (foto). Por el bando de los efectos especiales, se anuncia la participación en ArtFutura de Pablo Helman (o el argentino que trabaja con George Lucas), el sábado, a la misma hora y en el mismo lugar.
La programación completa del festival está disponible en www.artfutura.com.ar .