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miércoles, 26 de junio de 2013

EL DISCURSO CAPITALISTA

Por Mario Goldenberg.

Lacan, en el seminario XVII, define al discurso como un orden establecido en lo real a partir del lenguaje; así se puede ubicar el discurso del Amo, de la Histérica, el Universitario y el del Analista. Pero la breve pero no poco importante introducción de Lacan del discurso Capitalista plantea una paradoja en el orden de los discursos, primeramente porque no sigue el ordenamiento lógico de los anteriores y además, como lo ha planteado Jacques–Alain Miller en su Conferencia del Congreso de la AMP 2012 en Buenos Aires, señala una ruptura de la tradición paterna y del orden de la naturaleza. Las menciones de Lacan al discurso capitalista no son muchas y podemos resaltar sólo algunas.
En el Seminario "El reverso del Psicoanálisis", en el capítulo de “El amo y la histérica”, Lacan señala una modificación del discurso del Amo en la actualidad, en tanto que el amo moderno ha expropiado el saber al esclavo y es ese saber quien comanda la dominancia. Para ello, teniendo en cuenta que el S1 se ubica debajo de la barra en el lugar de la verdad, se constituye en “imperativo a saber”, que está también en la versión posterior del discurso capitalista, pero como “imperativo a gozar”.

$ S2
__ __ discurso capitalista
S1 a

La referencia de las Conferencias de Lacan en Sainte-Anne, llamadas El saber del psicoanalista (1971-72) sostiene que lo que distingue al discurso capitalista es la Verwerfung, el rechazo fuera de todos los campos de lo simbólico de la castración o sea de lo imposible del sexo, deja de lado, lo que Lacan ha llamado, las cosas del amor.
Se puede decir que este nuevo modo de dominancia en confluencia con el discurso de la ciencia pone en cuestión el orden de natural pero también el orden del sentido.
Por un lado la ciencia ha tocado la naturaleza como real, desde la manipulación genética, la bioingeniería, la física cuántica, etc. El capitalismo ha tenido su incidencia en la tradición del Nombre del Padre y en los lazos sociales. Lacan lo define como un discurso locamente astuto en su Conferencia en Milán (12-05-1972), pero destinado a estallar, podemos agregar: las condiciones misma del discurso.
El capitalismo se consuma y se consume bajo el imperativo de la plusvalía, por lo tanto del plus de gozar, y es eso lo que está en el cenit social.
Pero este plus no comanda del mismo modo que el ordenamiento que producía el S1, bajo la forma de la identificación, la hipnosis, la sugestión y el amor.
Es astuto porque deja a cada cual bajo la libertad del imperativo del plus de goce. No hace falta -como dice el imperativo kantiano que “la regla de tu acción sea una regla que valga para todos”- es necesario que tu acción se adecue a las ofertas del mercado. La confluencia entre la ciencia y el mercado, tiene sus consecuencias en el siglo XXI, ha quedado atrás el orden natural. Podría decirse que la naturaleza es hoy un parque temático, y la tradición de la creencia en el sentido -que incluye desde la religión al inconsciente transferencial-, ha dado lugar a modalidades subjetivas donde predominan las substancias. Ya sea las toxicomanías, tanto las drogas como las farmacológicas, o las variantes de los llamados trastornos alimentarios, anorexias, bulimias y obesidad, para situar sólo algunos.
Es evidente que no son las cosas del amor, las que se ubican como síntomas en los lazos, sino el objeto a como producto de la tecnología en el mercado.
Asistimos a una época donde el partenaire es más bien la pantalla y no el semejante, y es a través de la pantalla que se hacen lazos con semejantes, pero también se consume desde bienes hasta entretenimiento, y esto indica nuevas formas, distintas. Justamente esto plantea una necesidad de actualización para el psicoanálisis, una puesta al día de nuestra práctica, de su contexto, sus condiciones en las coordenadas inéditas del siglo XXI como lo ha planteado Jacques Alain Miller en el Congreso de la AMP en Buenos Aires 2012.
Teniendo en cuenta que el discurso analítico, tiene su lugar preciso en los cuatro discursos, -donde cada uno es un modo de tratamiento ordenado de lo real- el discurso analítico demuestra lo imposible a través de la contingencia. O sea que no hay ley para lo real, sino solamente la singularidad del sinthome de cada parlêtre, de cada ser hablante en su manera de gozar de lalengua.
Asimismo, el discurso del Capitalismo es un discurso sin envés, a diferencia del discurso del Amo, y esto plantea una nueva reconfiguración de nuestra práctica.
Pues el discurso que inaugura Freud implica una operación de subversión del discurso del Amo, que es el discurso del inconsciente: S1-S2, que no responde a la demanda de saber, aislando los S1 que determinan el modo de gozar del $.
La posición del analista en tanto encarna el objeto pulsional en su silencio, no responde como Amo impotente a la demanda de saber histérico, esto produce la histerización como producto de la operación analítica: la introducción estructural en condiciones artificiales del discurso de la histérica. El $ en el discurso del capitalismo hipermoderno, no tiene el recurso de la identificación, pues el S1 funciona más bien como imperativo.

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↑ S1

Y el saber es un saber clasificatorio, que nombra desde los manuales de diagnóstico como el DSM y produce en confluencia con el mercado objetos o substancias para ser felices, colmando la hiancia del sujeto, rechazando la imposibilidad de la relación sexual y la singularidad de sus contingencias.

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